La desarticulación de las franjas de edad
La base de la pirámide demográfica alentejana se ha ido estrechando de forma acelerada desde el cambio de la década anterior. Según los datos avanzados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2024, los jóvenes de entre 15 y 34 años pasaron de representar cerca de una cuarta parte de la población total de la región en 2011 a unos mínimos que contrastan fuertemente con la media nacional.
Esta contracción no afecta a todos los tramos de la misma manera, revelando heridas profundas en las edades de mayor dinamismo económico. El retrato estadístico del INE publicado en 2024 demuestra que la caída más pronunciada de jóvenes portugueses se produjo exactamente en la franja de edad de los 30 a los 34 años, registrando una disminución del 31,3 % entre los Censos de 2011 y los de 2021.
Para quien vive en uno de los 47 municipios de la región, este vacío se traduce en escuelas sin niños, <i>freguesias</i> sin renovación generacional y una dependencia cada vez mayor de servicios centralizados. Mientras las generaciones en edad activa abandonan los lugares donde nacieron, el tejido social local se va desaciendo de forma silenciosa y continua.
El peso abrumador de la pirámide invertida
El reflejo inmediato de la marcha de los más jóvenes es la escalada implacable del índice de envejecimiento en casi todas las subregiones. Las estimaciones divulgadas por el INE en 2025 fijaron el índice de envejecimiento regional en 222 ancianos por cada 100 jóvenes, un valor que sitúa a la región en una ruta de colisión demográfica muy por encima de la media nacional.
Para contextualizar la gravedad de esta proporción a escala de país, la Fundação Francisco Manuel dos Santos (PORDATA) registró en 2026 que Portugal se posiciona como el tercer país de la Unión Europea con el índice de envejecimiento más elevado, presentando un ratio nacional de 182 ancianos por cada 100 jóvenes, que ya se queda por debajo de la realidad alentejana.
Las proyecciones de población residente facilitadas por el INE en 2025 prevén que el número de jóvenes en el Alentejo descienda de forma dramática de los 57 638 individuos registrados en 2024 a apenas 41 009 en el horizonte de 2100. En paralelo, se prevé que el índice de envejecimiento regional se dispare de los actuales 227 ancianos por cada 100 jóvenes contabilizados en 2024 a unos expresivos 302 a finales de siglo.
Fisuras profundas en el interior profundo
La desertificación no se produce de manera homogénea, penalizando sobre todo a los municipios más aislados del interior en comparación con el litoral atlántico o estuarino. De acuerdo con los informes de la PORDATA publicados en julio de 2025, el Alto Alentejo registró la mayor reducción poblacional del país frente al período anterior, situándose en una variación negativa del -0,49 %.
En el mismo período de referencia de 2025, la PORDATA apuntó descensos poblacionales del -0,03 % en el Alentejo Central y del -0,07 % en el Baixo Alentejo. En nítido contraciclo económico y demográfico, el Alentejo Litoral logró escapar a esta tendencia de vaciamiento, registrando un crecimiento poblacional positivo del 0,82 % impulsado por dinámicas pesqueras, turísticas e industriales.
A nivel estricto de los municipios, los extremos asumen contornos alarmantes para la cohesión territorial. Datos recopilados por la PORDATA en 2025 muestran que municipios del interior como Gavião alcanzaron un índice de envejecimiento extremo de 535,1 ancianos por cada 100 jóvenes, mientras que el municipio de Barrancos ya había registrado en los Censos de 2021 del INE la mayor caída proporcional del país, perdiendo un 21,6 % de sus habitantes en una sola década para quedarse con 1438 residentes.
La llegada de nuevos flujos laborales
Mientras los jóvenes nacionales continúan abandonando el territorio en busca de oportunidades en otros centros urbanos, la demografía regional ha sufrido una mutación profunda a través de la llegada de ciudadanos de otros orígenes. Los datos censales procesados por el INE en 2024 revelan que el número de jóvenes extranjeros residentes en el Alentejo y en el país aumentó un 23,4 % entre 2011 y 2021, contrarrestando la hemorragia demográfica nativa.
Esta ola de sustitución y amortiguación poblacional ganó aún más velocidad en la segunda mitad de la década. Las estimaciones del INE publicadas en 2026 indican que la población extranjera residente en el Alentejo más que se duplicó entre 2021 y 2025, saltando de unos 35 mil a más de 71 mil residentes, amortiguando temporalmente la caída demográfica total generada por el saldo natural negativo.
Este fenómeno está íntimamente ligado a la expansión de sectores económicos estacionales e intensivos en mano de obra, como la agricultura de regadío en el norte y sur del territorio. Para las administraciones locales, la presencia de estos nuevos residentes evita el cierre inmediato de capacidades sociales, aunque trae nuevos desafíos de integración estructural y vivienda.
El mito del desempleo galopante puesto a prueba
La lectura más obvia e inmediata apuntaría a la hipótesis de que la desertificación y la fuga de jóvenes del Alentejo se deben a una tasa de desempleo galopante en la región. Sin embargo, las encuestas de empleo trimestrales publicadas por el INE en el primer trimestre de 2026 sitúan a la población desempleada en el Alentejo en 13,1 mil personas, lo que se traduce en una tasa de desempleo del 5,5 %.
Este valor del 5,5 % calculado por el INE en 2026 resulta ser, al fin y al cabo, ligeramente inferior a la media nacional o perfectamente comparable a otras zonas del país, lo que prueba que el desempleo inmediato no es el principal motor de la desertificación juvenil. El problema estructural radica en la escasez de empleos cualificados, en la falta de ofertas formativas de nivel superior y en la atracción ejercida por los grandes centros litorales.
Para hacer frente a esta pirámide demográfica invertida y a la pérdida continuada de tejido humano, la Asamblea de la República aprobó la Ley n.º 7/2026, de 25 de febrero de 2026, formalizando el Estatuto de la Persona Mayor. Se trata de un instrumento legislativo diseñado para responder estructuralmente al envejecimiento en los territorios del interior, aun cuando está por concretar sobre el terreno.
El eco de las tierras que se vacían
La erosión demográfica se acumula década tras década, transformando el paisaje humano de municipios enteros y alterando irreversiblemente la vida cotidiana de las comunidades locales. Como documenta un testimonio institucional recogido en un reportaje por Alentejo Ilustrado en julio de 2026, el municipio alentejano de Avis perdió un impresionante 36 % de su población total entre los Censos de 1981 y el año 2024.
A escala distrital, el impacto se traduce en pérdidas brutas inasumibles para la sostenibilidad económica de los municipios. Según los Censos definitivos de 2021 publicados por el INE en 2022, el distrito de Beja perdió un 5,5 por ciento de su población en la década previa, descendiendo de los 152 758 residentes contabilizados en 2011 a 144 401 habitantes en 2021.
Lo que queda en los municipios del interior alentejano es un tejido social envejecido que sobrevive a costa de respuestas sociales de proximidad, mientras que las marcas de la pérdida generacional se hacen visibles en cada aldea despoblada. Sin una inversión drástica en los salarios cualificados y en la fijación de infraestructuras, el futuro de estas 47 geografías continuará encogiéndose al ritmo de las proyecciones seculares.