La gran cuenca y la prueba de fuego de la sequía
La capacidad total de almacenamiento del embalse de Alqueva se sitúa en los 4.150 hectómetros cúbicos, según datos divulgados por EDIA en 2024. Este volumen colosal sirve de anclaje para una vasta región del sur del país, contrastando con escenarios mucho más dramáticos registrados en otras cuencas hidrográficas nacionales, como la del Sado, que presentaba niveles de almacenamiento inferiores al 30% en el mismo periodo de 2023, conforme a lo reportado por la APA en su boletín de embalses.
En 2022, considerado un año de sequía extrema, el volumen almacenado en Alqueva alcanzó un mínimo de cerca del 65% de la capacidad total, de acuerdo con los registros del SNIRH de la APA en ese mismo año. Esta marca demuestra que, incluso bajo condiciones climáticas severas y prolongadas, el embalse retiene un colchón hídrico considerable, sirviendo de amortiguador central para las necesidades básicas y económicas de cerca de 200 mil personas distribuidas por 20 municipios del Alentejo, según datos de EDIA de 2023.
Para quien vive en uno de estos municipios, el espejo de agua representa una aparente seguridad frente a las inclemencias del clima mediterráneo. Sin embargo, la estabilidad aparente esconde una presión creciente sobre el recurso, alimentada por la expansión continua de las infraestructuras de riego y por la necesidad de garantizar el abastecimiento público sin fallos, moldeando el día a día y la economía local en decenas de municipios alentejanos.
La expansión implacable de los campos de regadío
El área de regadío del Emprendimiento de Fines Múltiples de Alqueva alcanzó las 138.000 hectáreas en explotación en 2023, según los informes oficiales de EDIA. Este crecimiento físico de la mancha agrícola regada se refleja directamente en los volúmenes de agua consumidos anualmente, transformando el paisaje agrario tradicional en extensas áreas de producción intensiva y superintensiva que exigen agua de forma constante y regular.
Entre 2018 y 2022, el consumo de agua para riego en el EFMA aumentó de 250 millones de metros cúbicos a cerca de 450 millones de metros cúbicos, de acuerdo con datos divulgados por el diario Público en 2023. Este salto expresivo en el consumo ilustra la intensidad con la que el recurso hídrico pasó a ser mobilizado para sostener las nuevas líneas agrícolas instaladas en la región a lo largo de apenas cuatro años.
En paralelo, la estructura de los cultivos sufrió una mutación profunda que acentúa esta dependencia. El área de almendro en el Alentejo aumentó un 400% entre 2010 y 2021, según datos del INE, convirtiéndose en un cultivo altamente dependiente del riego por goteo. A este crecimiento se junta la expansión del olivar en seto, que creció de 15.000 hectáreas en 2010 a más de 70.000 hectáreas en 2020, consolidando un modelo agrícola sediento de agua.
La pérdida invisible y los límites estructurales
La gestión de Alqueva no se debate únicamente con los volúmenes retirados para los campos de cultivo, enfrentando también pérdidas naturales inevitables debido a las condiciones climáticas de la región. Un estudio publicado por la Universidad de Évora en 2021 apunta que la evaporación anual en el embalse de Alqueva puede alcanzar los 200 millones de metros cúbicos, un valor expresivo que consume una tajada sustancial del agua almacenada antes incluso de que esta llegue a cualquier canal de riego o grifo público.
Frente a estos factores de vaciamiento, investigadores del Instituto Superior Técnico alertaron en 2023 que la continua expansión del regadío intensivo puede comprometer gravemente la resiliencia global del sistema en escenarios de cambio climático proyectados hasta 2050. Los científicos subrayan que la presión combinada de la evaporación y de la intensificación agrícola estrecha el margen de maniobra del embalse ante secuencias prolongadas de años secos.
Esta vulnerabilidad estructural fue igualmente señalada por el Tribunal de Cuentas en un informe de auditoría publicado en 2021, que cuestionó la sostenibilidad económica y ambiental a largo plazo de la expansión del regadío frente a la escasez hídrica estructural. El documento apunta discrepancias entre el ímpetu de ampliar las infraestructuras de riego y la disponibilidad real de agua en horizontes climáticos adversos.
El argumento de la autosuficiencia y la aritmética del riesgo
La lectura obvia que frecuentemente se apunta es la de que Alqueva funciona como una reserva inagotable y perfectamente blindada, capaz de proteger al Alentejo contra cualquier severidad climática futura. EDIA afirmó en 2022 que el embalse posee capacidad técnica para garantizar el riego durante tres años consecutivos de sequía extrema, incluso en la ausencia total de cualquier nueva entrada de agua en la cuenca, sustentando la idea de un colchón de seguridad altamente robusto.
Si esta proporción se mantuviese inalterada y si mirásemos únicamente hacia la capacidad máxima de 4.150 hectómetros cúbicos declarada por EDIA en 2024, podríamos concluir que el modelo agrícola actual estaría salvaguardado por largos años. Sin embargo, si esta tendencia de consumo continúa creciendo al ritmo observado entre 2018 y 2022 —periodo en el que el riego subió de 250 a 450 millones de metros cúbicos—, el margen de tres años anunciado se encogería drásticamente en un horizonte de dos décadas.
Además de esto, el Plan Nacional de Regadíos, aprobado por el Ministerio de Agricultura en 2022, prevé la expansión de otras 50.000 hectáreas de regadío en el Alentejo hasta 2030. En caso de que este nuevo plan avance íntegramente y el coste del agua, actualmente subsidiado a través de tarifas variables reguladas por EDIA en 2024, continúe incentivando la fijación de estos cultivos, el volumen de extracción anual anularía rápidamente la supuesta inmunidad del embalse en ciclos de sequía prolongada.
El horizonte aritmético en los municipios del Alentejo
Si esta tendencia de crecimiento del consumo agrícola prosiguiese de forma lineal a lo largo de los próximos veinte años, y en caso de que el cambio climático redujese la frecuencia de años lluviosos conforme a los avisos del Instituto Superior Técnico en 2023, el volumen mínimo del 65% registrado por el SNIRH en la sequía extrema de 2022 descendería hasta niveles críticos. En una proyección puramente aritmética basada en el ritmo verificado hasta 2022, el embalse vería su capacidad útil agotada mucho antes de alcanzar los límites temporales previstos por EDIA.
Este escenario condicional se rompería totalmente en caso de que ocurriese una alteración legal profunda en la atribución de subsidios al agua o si surgiese un límite físico insuperable en los caudales de los ríos afluentes que alimentan el sistema. Si las políticas públicas de regadío fuesen reajustadas hasta 2030, el ritmo de vaciamiento desaceleraría, alterando el horizonte de ruptura hacia niveles mucho menos agresivos para las poblaciones locales.
Para los habitantes de los 20 municipios abastecidos por el sistema de EDIA en 2023, la aritmética de Alqueva se traduce en una línea tenue entre el desarrollo económico promovido por los cultivos de rendimiento y la seguridad hídrica esencial para la vida humana. Si nada cambiase en las restricciones de uso y el Plan Nacional de Regadíos cumpliese la expansión de 50.000 hectáreas hasta 2030, el equilibrio entre la sed agrícola y la supervivencia cívica pasaría a depender estrictamente de la imprevisibilidad de los inviernos futuros.