El paisaje que cambió con fondos extranjeros
La transformación del paisaje alentejano se aceleró de forma drástica en las últimas dos décadas, impulsada por inyecciones masivas de capital privado en el sector agrícola. Según datos publicados por Greenpeace en febrero de 2026, Portugal y España captaron más de 3.000 millones de euros en inversiones destinadas al agronegocio hasta mediados de 2025. Este flujo financiero se canalizó prioritariamente hacia la conversión de suelos tradicionales en olivar superintensivo industrial, alterando el perfil económico y ambiental del territorio.
La escala de esta alteración se refleja en la concentración de la actividad olivarera en la región sur del país. De acuerdo con el Censo Agrícola de 2019 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Alentejo concentraba el 52,4 % de toda el área de olivar a nivel nacional. Más allá de la expresión territorial, la región se afianzaba por su peso económico, generando el 82,9 % del valor financiero de todas las explotaciones especializadas en olivicultura en Portugal.
En el terreno, esta expansión económica se tradujo en un crecimiento exponencial de la ocupación física en zonas estratégicas de regadío. En un análisis publicado por la Universidad de Lisboa (ISA) en 2018, se subrayaba que el avance del olivar moderno ocurrió de forma masiva en el perímetro de riego del Alqueva. En esa geografía, la nueva olivicultura ya asumía la mayor parte del consumo de agua frente a los tradicionales cultivos de secuestro que históricamente caracterizaban a la región.
La parte del Alqueva y la sed de los nuevos olivares
La dimensión física ocupada por el sector dentro de la principal infraestructura hídrica regional ilustra la magnitud de la demanda de recursos. De acuerdo con datos del Diário do Alentejo referentes a 2021, que citan registros de la Empresa de Desarrollo e Infraestructuras del Alqueva (EDIA), el olivar moderno ocupaba 63.152 hectáreas en el perímetro de riego del Alqueva. Este valor representaba el 61 % de toda el área beneficiada por la obra pública, evidenciando la centralidad de este cultivo en la gestión global del agua almacenada.
Para sustentar este modelo productivo, las necesidades hídricas teóricas alcanzan valores expresivos por hectárea cultivada. Según estimaciones divulgadas por la EDIA en 2021, el cultivo del olivar en seto, característico del sistema superintensivo, registraba dotaciones medias de referencia de riego de 5.192 metros cúbicos por hectárea en cálculos teóricos, situándose en los 4.250 metros cúbicos por hectárea de acuerdo con los parámetros del Centro Operativo y de Tecnología de Regadío (COTR) en el mismo año.
La presión sobre el recurso hídrico se ve ampliada por la escala de los grandes operadores empresariales instalados en la península ibérica. El informe de Greenpeace de 2026 señalaba que grupos como Innoliva gestionaban en la última década cerca de 4.800 hectáreas de olivar superintensivo, con más del 65 % de ese total —correspondiente a 3.168 hectáreas— concentrado estrictamente en territorio portugués, ejerciendo una demanda continua sobre la disponibilidad hídrica local.
Los límites legales del agua y la expansión planificada
El marco institucional de distribución de agua en la región fija techos rigurosos para salvaguardar los diferentes usos económicos y sociales. En el ámbito de la planificación de la EDIA en 2025, el Título de Utilización de Recursos Hídricos (TURH) estipula un volumen máximo global de agua para riego de 590 hectómetros cúbicos anuales, insertado en un total disponible de 620 hectómetros cúbicos, reservando apenas 30 hectómetros cúbicos para satisfacer el abastecimiento urbano e industrial de toda el área de influencia.
La perspectiva de crecimiento futuro mantiene el foco de las autoridades y de los operadores en la sostenibilidad cuantitativa de las cuencas. En un estudio prospectivo de Agroges publicado en 2025 para Portugal Nuts y Olivum, se apunta que la conclusión de la 2ª Fase del Emprendimiento de Fines Múltiples de Alqueva (EFMA) elevará el área beneficiada a cerca de 155 mil hectáreas. A este valor se sumarán otros 20 mil hectáreas de regadío precario reconocido, elevando el esfuerzo sobre los recursos hídricos.
La intensidad productiva exigida por este modelo agrícola encuentra paralelo en los costes y rendimientos industriales calculados para el sector. Según un estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivar (AEMO) citado en 2026, el olivar superintensivo de regadío alcanza una productividad media de 10.000 kilogramos por hectárea, necesitando un soporte hídrico constante e intensivo para viabilizar los costes de producción estimados en 3,35 euros por litro de aceite de oliva.
La garantía del Alqueva y las señales subterráneas
La lectura institucional más obvia y diseminada sostiene que el Alentejo dispone de una garantía hídrica robusta y blindada, asegurada íntegramente por el Emprendimiento de Fines Múltiples de Alqueva (EFMA). Bajo esta perspectiva, el abastecimiento a través de redes públicas y embalses de superficie disociaría por completo el olivar superintensivo de la explotación directa de aguas subterráneas locales, previniendo conflictos entre la agricultura de escala y los pozos municipales de consumo humano.
Sin embargo, los datos combinados de los informes ambientales y los registros históricos de monitorización introducen matices relevantes en esta aparente inmunidad hídrica. Conforme a los programas de monitorización de la Agencia Portuguesa del Ambiente (APA) y los Planes de Gestión de Demarcación Hidrográfica del 3.er Ciclo, aprobados por la Resolución del Consejo de Ministros n.º 62/2024, la salvaguarda de las masas de agua subterránea se enfrenta a desafíos severos debido a las presiones difusas de la agricultura intensiva y al cambio climático en la región hidrográfica del Alentejo.
Esta vulnerabilidad subterránea no es totalmente nueva en los registros técnicos de la región. Ya en 2015, el proyecto ERHSA centrado en sistemas como el acuífero de Monforte - Alter do Chão identificaba focos puntuales y difusos de contaminación y presiones de explotación que alteraban las características piezométricas y afectaban a la calidad del agua destinada al consumo humano, demostrando que los mantos freáticos locales responden de forma sensible a las solicitudes ejercidas en la periferia de los valles.
El equilibrio entre la agricultura intensiva y el consumo humano
La regulación oficial emitida por la Agencia Portuguesa del Ambiente (APA) en los documentos orientadores de los Planes de Gestión de Demarcación Hidrográfica de 2022 subraya que el sector agropecuario constituye una de las principales fuentes de presión cuantitativa y cualitativa sobre los recursos hídricos subterráneos. Las autoridades competentes exigen límites estrictos de captación y control para evitar tanto la contaminación por nitratos como el agotamiento progresivo de las captaciones dedicadas al abastecimiento de las poblaciones locales.
La vertiente económica asociada a esta transición agrícola desempeñó un papel determinante en la financiación inicial de la estructura productiva de la región. De acuerdo con datos publicados por el portal SAPO24 en 2019, el Ministerio de Agricultura estimó en cerca de 300 millones de euros el importe de inversión exclusivamente aplicado en la plantación de nuevos olivares en la región del Alqueva, impulsando una alteración profunda en el paisaje agrario y en el régimen de explotación hídrica que modela el Alentejo contemporáneo.
Para quienes habitan en los 47 municipios alentejanos, el equilibrio entre la sostenibilidad económica de las grandes explotaciones olivareras y la preservación de los niveles freáticos en los pozos tradicionales depende directamente de la eficacia de los planes de gestión de cuenca. La evolución de la recarga de los acuíferos frente a las dotaciones de riego autorizadas definirá el margen de seguridad para el consumo humano en las próximas décadas, en un territorio donde cada metro cúbico de agua mobilizada es contabilizado al detalle.